Hoy en día, la comunidad internacional coincide en señalar que los humedales son unos de los ecosistemas más ricos y especiales de la biosfera y, también, unos de los más frágiles. Es por ello que, aunque no siempre ha sido así, en la actualidad se reivindica la protección y el cuidado de estos paisajes.
Si analizáramos la extensa lista de humedales del País Vasco, enseguida nos daríamos cuenta de que el concepto “humedal” engloba espacios tan heterogéneos como las marismas, lagunas, turberas y embalses, entre otros. Este hecho hace que no sea nada sencillo encontrar una definición precisa de lo que es un humedal.
A pesar de todo, estos espacios, que tienen un origen (natural o artificial), una ubicación (costa o interior) y una morfología diferentes, se consideran humedales porque comparten, de manera permanente o esporádica, un elemento que los caracteriza a todos: el agua. De hecho, salvo en algunas excepciones, en todos los humedales o bien hay una fina capa de agua de poca profundidad, o bien las aguas subterráneas se encuentran muy cerca de la superficie terrestre.
Hoy en día, la comunidad internacional coincide en señalar que los humedales son unos de los ecosistemas más ricos y especiales de la biosfera y, también, unos de los más frágiles. Es por ello que, aunque no siempre ha sido así, en la actualidad se reivindica la protección y el cuidado de estos paisajes.
EL SER HUMANO Y LOS HUMEDALES
1- Esta leyenda recogida en el barrio Gorozika de Urdaibai demuestra que el misterio ha rodeado los humedales desde la antigüedad, quizá por ese aura mágico que se crea cada vez que las nubes y la niebla se posan sobre ellos durante el amanecer o el atardecer: “Las lamias vivían en un estanque llamado Laminapozu (...), cantaban hermosas canciones que resonaban por todo el valle, ayudaban a los campesinos en sus labores y cuidaban de los niños y las niñas cuando se dirigían a la escuela (...)”. La gente las contemplaba con una mezcla de admiración y miedo. Las lamias sólo utilizaban los recursos alimentarios que podían obtener de la caza, la pesca y la recogida de marisco.
2- Entre la época romana y los siglos XVIII y XIX, comenzó la transformación de los humedales pero sin alterar demasiado su funcionamiento y fisonomía. A este período se remontan, entre otras actividades, la extracción de barro para hacer ladrillos, la recogida de materiales vegetales para la cestería o la construcción, el aprovechamiento de plantas de los géneros Salicornia y Salsola para producir vidrio y jabón, la obtención de juncos para el abono y la construcción de salinas.
3- Aunque la desecación de los humedales para la obtención de nuevos terrenos data del siglo XVI, la verdadera transformación de los mismos se produjo a partir de los siglos XVIII y XIX. La demanda de nuevas tierras para la agricultura y las zonas urbanas junto con las posibilidades que aportaban las nuevas tecnologías trajo como consecuencia el drenaje, llenado y secado de muchos humedales. El proceso de pérdida y desaparición de humedales se aceleró sobremanera durante el siglo XX, en muchas ocasiones promovidas o financiadas por la Administración Pública. Los datos que se exponen a continuación son un claro ejemplo de este hecho:
- el 60 % de los humedales situados dentro de las fronteras del Estado español se perdió entre los años 1948 y 1990;
- el 67 % de los franceses entre 1900 y 1993;
- el 57 % de los alemanes entre 1950 y 1985, y
- el 66 % de los italianos entre 1983 y 1984.
En la costa del País Vasco, los trabajos de llenado y secado destruyeron el 50% de las marismas, haciendo que en la mayoría de los casos la superficie inicial se redujera excesivamente y, en otros, desapareciera por completo (Abra, Pasaia, etc.).
“En la década de los 60, el pensamiento que defendía la protección de estos espacios se generalizó en nuestra sociedad debido a que se reconocieron su valor y sus múltiples funciones”
¿CÓMO SE PRESENTA EL FUTURO?
En la década de los 60, se comenzó a subrayar el valor ornitológico de los humedales y, poco a poco, el pensamiento que defendía la protección de estos espacios se generalizó en nuestra sociedad debido a que se reconocieron su valor y sus múltiples funciones. Siendo en muchos casos ecosistemas que hacen de frontera natural entre las zonas terrestres y marinas, los humedales son necesarios para mantener la biodiversidad ya que en ellos se cobija la mayor proporción de especies en peligro de extinción del mundo. Además, son de gran importancia para la protección del ciclo hidrológico y los recursos hídricos. Por otro lado, cabe destacar que la mayoría de los humedales generan una gran producción biológica y pueden convertirse en almacenes de minerales. Por último, son espacios atractivos para disfrutar del tiempo libre y guardan un gran interés paisajístico, cultural, pedagógico y científico.

Fruto de esta inquietud cada vez más extendida varios estados se reunieron en la ciudad iraní de Ramsar el 2 de febrero de 1971 para firmar un acuerdo sobre los humedales: el acuerdo Ramsar. El objetivo principal de este acuerdo fue proteger y fomentar un uso responsable de los humedales y de sus recursos, para lo que dieron forma a una de las herramientas más valiosas y eficaces hasta el momento: la
Lista de Humedales de Importancia Internacional de Ramsar. Actualmente, esta lista engloba más de 1.500 humedales de todo el mundo. Seis de estos espacios están en la Comunidad Autónoma del País Vasco (Urdaibai, Txingudi, las salinas de Gesaltza y el lago de Arreo/Caicedo, las pequeñas lagunas de La Guardia, el embalse de Ulibarri-Ganboa y Salburua) y dos en la Comunidad Foral de Navarra (la laguna de Pitillas y el embalse de Las Cañas).
El acuerdo de Ramsar supuso un punto de inflexión para la conservación de los humedales y, a partir de entonces, se han propiciado avances importantes para su protección y gestión, especialmente en los casos de los humedales adheridos a la lista. Sin embargo, y a pesar de los cambios, la presión y las amenazas de distinta naturaleza siguen produciéndose y, en numerosas ocasiones, se fomentan actividades humanas absolutamente contrarias a la lucha por la conservación de las zonas húmedas.
Los humedales vascos son ricos tesoros de la biodiversidad, son diversos, singulares, (diferentes a su entorno más próximo), misteriosos, de gran atractivo paisajístico y objeto de leyendas, interesantes – también los más pequeños y desconocidos-, útiles para el ser humano... En consecuencia, debemos cuidarlos y protegerlos.
Por todo lo mencionado anteriormente, desde 1997, el 2 de febrero se celebra el Día Internacional de los Humedales. En esta fecha se acentúan nuestras reivindicaciones y se realizan distintas acciones para subrayar los beneficios que aportan los humedales. Si bien es importante trabajar a favor de los humedales este día en concreto, es igualmente indispensable trabajar el resto del año apoyándose en la educación ambiental para lograr un claro compromiso de trabajo en relación a los valores, problemas y posibles soluciones de todos los humedales del País Vasco. Además, hay que avanzar hacia una ordenación del territorio adecuada y capaz de hacer frente a las principales amenazas que ponen en peligro su futuro. De hecho, si no se adopta un compromiso real y se ponen en marcha medidas eficaces, las buenas intenciones que se proclaman una vez al año pierden su valor y su fuerza, y se transforman en humo.
NOTA: Este texto está basado en un artículo publicado en ZAZPIKA (suplemento dominical del periódico GARA) el 27 de enero de 2008.