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A mediados del siglo XIX, la Revolución Industrial también
transformó los sistemas de producción, de modo que con el
ocaso de la industria siderúrgica tradicional, ferrerías
principalmente, comenzó a surgir una nueva industria del hierro:
los altos hornos.
El primero que se fundó en Bizkaia fue el de "Santa Ana de
Bolueta" en 1848 y en 1902 se unieron "Nuestra Señora
del Carmen", "La Vizcaya" y "La Iberia" para
constituir "Altos Hornos de Vizcaya".
Esta empresa emblemática fue sustituida en 1996 por las instalaciones
de la A.C.B. (Acería Compacta de Bizkaia).
Las diferencias entre ambas industrias se traducen en el hecho de que
mientras en altos hornos se empleaba como combustible carbón para
la fundición del mineral de hierro, la acería compacta funciona
con hornos eléctricos y funde chatarra.
Por otro lado el descenso en el número de trabajadores ha sido
muy importante, así en Altos Hornos de Bizkaia llegaron a trabajar
en los años 70 del siglo XX unas 13.000 personas y en la miniacería
están ocupadas en la actualidad unas 450 personas. Una de las consecuencias
más inmediatas de esta transformación fue el aumento del
índice del paro en los municipios de la margen izquierda.
La desindustrialización de la zona no sólo ha ocasionado
un aumento del paro y un descenso demográfico en las poblaciones
circundantes, sino que ha permitido ver de forma más clara las
consecuencias que para el medio ambiente ha tenido este desarrollo económico
incontrolado (contaminación de suelos y aguas, desaparición
de ecosistemas, etc.).
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