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Las ínfimas condiciones de vida, los numerosos accidentes laborales,
el hecho de que la dieta alimenticia fuera muy pobre: se basaba en pan,
tasajo y alguna vez sardinas o bacalao, unidos al abuso del alcohol, disminuyó
de forma drástica la esperanza de vida, que en la época
más dura se situó por debajo de los 30 años.
A esta lamentable situación, se sumaba la existencia de las "tiendas"
o "cantinas obligatorias", regentadas por contratistas o por
capataces y en las que los mineros estaban obligados a comprar si querían
conseguir trabajo, siendo por ello frecuentes los abusos debido a los
altos precios de los productos vendidos llegando incluso a ser un 40%
más caros que en Bilbao.
En la mina se cobraba por día trabajado, de manera que la jornada
en la que por causa de enfermedades, accidentes, inclemencias meteorológicas,
etc., no se podía ir a trabajar, no se percibía salario
alguno. Esto ocasionaba que muchas veces el obrero no cobrara y que se
quedara endeudado con su capataz, debido a que la factura de la cantina
superaba al salario.
Toda esta situación estará en la base de los descontentos
sociales de finales del siglo XIX. La pésima calidad de vida y
las desfavorables condiciones de trabajo facilitaron el desarrollo del
movimiento obrero, sobre todo de signo socialista. También estaba
presente el sindicalismo católico, aunque carecía de fuerza,
representado por la Asociación Obrera León XIII fundada
en 1907.
De esta forma, núcleos como La Arboleda, Ortuella y Gallarta, se
convirtieron en verdaderos centros de la lucha obrera, encabezada por
socialistas y comunistas donde destaca el papel desempeñado por
Dolores Ibarruri, "Pasionaria".
El asentamiento de estas ideas contribuyó a la organización
de huelgas obreras. Una de las primeras huelgas generales de todo el Estado
fue la de 1890. Para sofocar esta "rebelión" acudió
a la zona el general Loma, pero al ver la situación tan penosa
en la que vivían los obreros, manifestó sobre los barracones
"estas casas no sirven ni para vivir cerdos", por lo que intercedió
para mejorar su situación laboral y su nivel de vida. A continuación,
se incluye el bando dictado por el General Loma, el día 20 de mayo
de 1890, con el que se da por finalizada la huelga general de dicho año
y en el que se establecen las condiciones que han de regir en las explotaciones
mineras a partir de ese momento:
" 1º- Los obreros podrán alojarse donde lo estimen
conveniente, sin obligarse a pernoctar en los cuarteles o barracones.
2º- Podrán asimismo surtirse en los establecimientos de
su agrado, prohibiéndose en lo sucesivo a los capataces y contratistas
que tengan cantinas ni que expendan alimentos de ninguna clase.
3º- Las horas efectivas de trabajo serán diez en todo el
año: debiendo compensarse el excedente de los meses de verano
con la insuficiencia de los inviernos de esta forma: en enero, febrero,
noviembre y diciembre, nueve horas; en marzo, abril, septiembre y octubre,
diez horas; en mayo, junio, julio y agosto, once horas, entrando al
trabajo en la estación actual a las 6 de la mañana, para
retirarse a las 7 de la tarde, con dos horas de descanso".
"El Noticiero Bilbaíno",
21 de mayo de 1890.
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