El suelo es un protagonista activo en los ciclos químicos de vital importancia en el equilibrio de la naturaleza. Lleva a cabo funciones centrales de regulación dentro de los ecosistemas.
En el ciclo del agua el suelo ocupa una posición fundamental. El agua que llega al suelo vía precipitación, pasa a través de éste bien en forma de escorrentía superficial, bien en forma de flujo subterráneo, o indirectamente a través de los fenómenos de evotranspiración o transpiración.
Otra función muy importante que tiene el suelo como protagonista principal es la generación y transporte de sustancias nutritivas para las plantas y microorganismos del suelo. Su intervención en los ciclos de carbono, azufre, nitrógeno y fósforo es fundamental para el equilibrio de los ecosistemas.
La intervención humana en el suelo altera estos ciclos biogeoquímicos y da origen a problemas ecológicos de carácter global. En el ciclo del agua, por ejemplo, se considera que las alteraciones humanas que más influyen son el fenómeno de la desertización inducida que anula la evapotranspiración e influye en el régimen de lluvias.